Circuito MonegrosTT
Muel (Zaragoza)

En busca de la Sequia al Amra


Aqui teneis la crónica de nuestro viaje por tierras del Sahara, viaje que titulamos En Busca de la Sequia el Hamra....

             Queremos compartir con todos vosotros la inolvidable experiencia organizada por MonegrosTT en el Sáhara Occidental y vivida por los integrantes del grupo de aventureros que los primeros diez días de junio se sumergieron en el viaje “En busca de la Saquia El Hamra”.

          MonegrosTT ideó un trayecto fuera de los cauces turísticos habituales, en zonas de gran belleza, increíbles cañones, inmensas hamadas, fauna salvaje, playas de fina arena, lugares de historia centenaria…

          Y como extraordinario suplemento, los participantes recibieron un curso de navegación en el mejor entorno práctico, impartido por Jose María Gias, uno de los mejores navegantes que podemos encontrar y miembro de la organización de la “Sin Fronteras Challenge”.

          Todo comenzó el pasado día 31 de mayo, cuando el grupo se reúne en Algeciras, en el bonito y agradable hotel Reina Cristina, situado junto al puerto. El día de hoy se reduce a las presentaciones y guardar fuerzas para lo que habrá por venir.

        Los pasos de frontera, tanto a la ida como a la vuelta se sucedieron sin ninguna dificultad. Monegrostt había preparado previamente la documentación y no hubo ningún problema. A los experimentados nos llamó la atención que algo había cambiado en la zona del Tarajal. Las casetas de los puestos fronterizos marroquíes mejor colocadas y efectivos armados con fusiles en las montañas que rodean la zona.

        El objetivo del día fue llegar a Agadir, ciudad de origen portugués, al norte del Parque Nacional Souss-Massa.

       Llegamos cuando apenas quedaban unos rayos de luz, aprovechados para ver el hotel Kenzi Europa, hacer cambio de divisas y tomar una cervecita.

      Por el camino, hubo tiempo de hacer una parada para comer confortablemente bajo el estudiado toldo de Jose María, toldo que en días venideros sería nuestro particular oasis a la hora de la comida.

        Tras recibir la primera parte del curso de navegación, una cena relajada y baño nocturno en la estupenda piscina del hotel.

        El domingo, 2 de junio, comenzó realmente la aventura. Nuestro destino es Itch, a doscientos cincuenta kilómetros.

        Es hora de poner en práctica los conocimientos de navegación recibidos la noche anterior, entre paisajes de arganes, embalses, cabras…

        El paisaje comienza a ser cada vez más desértico. Sobrecogedor el cañón verde y sus vistas entre Igmir y Tarjicht. El valle excavado por el río parece un vergel utilizado para el cultivo. Fue curioso encontrar algunos troncos fosilizados.

      Acabamos la jornada en el impresionante albergue Borj Biramane. Sus pequeñas casitas cuidadas, limpias a todo confort y con aire acondicionado, sorprendieron al grupo, al igual que la piscina con burbujas que no dudamos en dar uso. Un oasis en medio de la nada.

     Las dos noches siguientes, las pasaremos en el duro desierto, durmiendo en el hotel de las mil estrellas.

     La travesía por el desierto puso realmente a prueba las habilidades en navegación de los participantes, que llevaron a emocionantes momentos donde decidir el paso por zonas pedregosas, zanjas, atascos y eslingadas, disfrutando de esa sensación de dura libertad.

     Tras el paso por una zona semimontañosa muy pedregosa, antes de llegar a Fam el Hisn, llegamos a una gran llanura, mezcla de hamada y lago seco, con curiosos surcos trasversales cada cien metros que ralentizaban la marcha. Alcanzamos los 42º.

     Dicen que cuando a alguien se le desea el peor de los infiernos, se le envía a este lugar. Bajo la perspectiva de nuestros confortables vehículos, cargados de agua fresca y aire acondicionado, puedes llegar a entender que si quedaras allí solo, no tendrías ninguna posibilidad de supervivencia.

      El paisaje lo completaban lagartos de llamativos colores, camellos y acacias diseminadas. Una vez en Assa aprovechamos a repostar, comprar el pan y hacer unos arreglos a una nevera que no funcionaba, continuando la marcha un poco más, cruzando en alguna ocasión el muro de la vergüenza en su zona más al norte.

      Con el ocaso, montamos el campamento y preparamos unas barbacoas, con permiso del viento que soplaba con fuerza.

      Llegados ya al martes día 4, pasamos por una antigua pista del Dakar. Se encuentra en zona minada, y está delimitada como zona segura de minas por montones de tierra a los lados. Encontramos restos de construcciones militares españolas y casquillos de bala oxidados.

     Después de comer, tras una pendiente, aparece ante nuestros ojos un inmenso lago seco de tierra amarilla. Las orillas y el resto del terreno son pedregosos y de color bastante oscuro, lo que hace un contraste curioso.

     Hay ocasión de ver un espejismo. En un momento, uno de los participantes ve como el coche que le precede circula “flotando” sobre agua.

    El piso del lago es tan duro que parece de hormigón. Ocasión de hacer fotos, vídeos, y alcanzar unas velocidades de hasta 140 km/h. Este debe ser el llano amarillo que nombraban algunos de los militares o reclutas españoles que estuvieron en esta zona antes de 1975.

    La llegada a la carretera de asfalto, dio lugar a los primeros intensos controles militares. Muchos de ellos se reducen a una choza de piedra con una antena, y vestimentas de cualquier tipo. Siempre son amables y cordiales, nos piden las fichas y nos dicen por donde sí o no podemos pasar; el punto negativo es que nos entretienen y ralentizan nuestra marcha; el último que encontramos nos interceptó en un Toyota pickup V6 gasolina nuevecita, a unos 40 km de Smara, que nos hizo acompañarle al cuartelillo, donde nos invitaron a un té riquísmo; no sé lo que tendría el té, porque cuando les dijimos que era bueno se carcajearon…… Alguno de los militares reconoció que se ha complicado la situación con el frente Polisario, y no les hace mucha gracia ver occidentales por allí, sobre todo cuando pertenecen a alguna ONG. Al poco tiempo nos escoltaron hasta la carretera por el mismo cauce de la Saquia, y nos aconsejaron seguir por carretera hasta Smara. Eso fue lo que hicimos, y una vez cruzado el muro hacia lado seguro, buscamos zona para acampar, donde acabó la jornada cenando y charlando alrededor de una hoguera.

          Al día siguiente, y tras recoger el campamento, nos dirigimos a Smara, donde compramos un riquísimo pan. Seguimos el curso de la Saguia el Hamra, y vemos en ocasiones lo rojizo de la tierra. Nos acercamos a ver un  antiguo fuerte militar español, el fuerte Chacal, en Edchera, totalmente derruído y en ruinas; unas fotos y seguimos hasta el Aaiun. 
La ciudad está llena de controles de policía, coches de policía antidisturbios, militares, de la ONU… El tráfico es caótico y hay que estar con mil ojos. Cenamos en el hotel, y después alguno nos animamos a dar una vuelta; preguntamos en el hotel y nos recomiendan un “garito” para tomar cerveza. Después de la experiencia de encontrar taxi libre, negociar el precio y llegar a destino resultó ser un hotel muy aburrido en el que nos tomamos una cerveza, eso sí, casi solos. De allí al hotel volvimos dando un paseo, un poco de wifi y a dormir.

      Sin apenas darnos cuenta, ya ha llegado el jueves, y debemos comenzar a dirigirnos al norte. Desayunamos en el hotel junto a unos soldados de la ONU, y salimos hacia la playa, que está a unos 20 kilómetros. La carretera es curiosa porque es una autovía, pero tienen varios buldózer retirando la arena de las dunas que se empeñan en meterse a la carretera; si no fuera por ellos ya hubiera desaparecido el asfalto. Entramos en la playa, y comienzan los juegos y atascadas en la arena.

    Después de unos 80 km por la playa, salimos hacia la carretera, y en la parada a dar presión a los neumáticos, alguien divisa una serpiente semiescondida. Alguno intenta que salga para verla, procurando no molestarla mucho, pero ella en su afán de escapar encuentra buen refugio en el coche de José Manuel, donde se sube como un polizón cualquiera. No sabemos qué serpiente es, pero no tiene buena pinta. Tendrá como un metro de largo, color claro y cabeza pequeña, y cuerpo de mayor envergadura; sabemos que se ha metido por los protectores del coche pero no sabemos dónde está.

    Confiando en que se baje en la próxima parada, seguimos viaje por la carretera, y de vez en cuando asoma la cabeza para saludar por la zona del limpiaparabrisas, mientras los demás bromeamos con las posibilidades que tiene para colarse dentro del habitáculo del coche. De esa forma van pasando los km de carretera hasta Tan Tan. 
         De camino vemos lo que parecen unas salinas, paramos a fotografiar una bonita sima junto al mar, y la desembocadura de un río a pie de dunas. 
        Ya en Tan Tan, repostamos, y seguimos ruta hacia el hotel Kasar Tafnidilkt, que está a unos 7 km de la carretera por una pista sólo apta para todo terrenos. Casi enfrente del hotel estuvimos viendo las ruinas de un fuerte francés, desde el que había buenas vistas, incluso del mismo hotel, que tiene un aspecto impresionante; la decoración exterior está cuidada al detalle, impresionante construcción en medio de ninguna parte.    Llegamos con tiempo para darnos una ducha y tomar una sidra fresca antes de cenar un delicioso Taijin de cordero. Después de la cena un merecido descanso, mañana será otro día.

        Por la mañana, y a falta de encantador de serpientes, el médico del grupo, pinzas de barbacoa en mano, comienza la operación “extracción de Maripuri” como bautizamos a la serpiente.

       El bicho se resistía, se revolvía y retorcía en su hueco hasta que salió despedida por los aires en el último tirón. Todavía intentó subirse de nuevo al coche, empeñada en sentirse protegida allí dentro.

        Salimos del hotel, dirección a la costa por una pedregosa y lenta pista, con algunas zonas de arena muy blanda. Jugamos con las pequeñas dunas, y nos deleitamos con el paisaje, con el mar de fondo.

           El día anterior intentamos sin éxito comprar pescado fresco. Pero hoy hemos tenido la suerte de encontrar unos pescadores que nos han vendido un buen montón de quisquillas, un pescado de la familia del atún, un sargo y otros que no conocemos. Hace un día precioso, sopla una agradable brisa, las vistas son de ensueño y cuando llegados a la desembocadura del rio Draa, buscamos un lugar donde cocinar lo comprado.

            Estuvimos un buen rato comiendo, pero creo que todos lo disfrutamos de lo lindo, y no es para menos. En playa blanca, solos, un día precioso, comida muy rica, vino fresco, buena compañía, de vacaciones…

Tras la comida, quedaban cuarenta kilómetros de playa blanca. A esa hora, la arena esta blanda y cuesta avanzar. Encontramos tortugas muertas, y bandadas de gaviotas que se levantan a nuestro paso. Disfrutamos de lo lindo con la conducción en la arena hasta llegar al final de la playa, y nos dimos un baño antes de dejarla, unos con bañador, y otros sin él, ¡qué más da!. 
           Salimos de la playa por una subida muy chula, y seguimos ruta, todavía nos quedan muchos km. La pista es muy bonita, entretenida y con bonitas vistas al mar. Pasamos por Sidi Ifni, se han llevado el barco, y a Legzira llegamos al ocaso. Una señal de prohibido el paso nos corta la entrada a la playa, y como es tarde no hay tiempo de buscar entradas alternativas. Nos bajamos del coche, hacemos unas fotos y seguimos viaje, ya casi de noche. Llegamos al hotel Idou en Tiznit, justo para dejar las maletas y que nos den de cenar.

Esto se acaba, mañana carretera hasta Essaouira, y los dos días siguientes paliza de vuelta a casa.

          Por la mañana cogimos la carretera de costa hasta Essaouira. Vemos bonitos paisajes, arganes con cabras en sus ramas, y algún conductor marroquí camicace. 
         Llegamos al hotel Ryad Mogador, dejamos las maletas, y nos vamos en Taxi al centro a comer. Después de las negociaciones de los taxis vienen las de la comida, y después de mucho pelear nos sentamos a comer. Rodaballo, salmonetes, sardinas, langostas, de todo con bebida incluida por 1.000 Dh los 8, bebida incluida. 
         Por la tarde tomamos un té en la plaza de la ciudad, y luego tarde libre para hacer compras, pasear, etc. Volvemos paseando al hotel, y alguno incluso se da un baño en la piscina.

          Ya es domingo, dia 9 de junio y debemos llegar a Algeciras. Frente a nosotros tenemos ochocientos kilómetros y la intención de coger el ferry de las 19:30. Apenas llegamos con un cuarto de hora de tiempo, pero conseguimos el objetivo y como recompensa tuvimos tiempo de darnos un baño en la piscina del Hotel Reina Cristina, donde nos alojamos.
          Empiezan las despedidas, ya que por la mañana, cada uno saldrá a la hora que más le convenga.

        En el recuerdo quedan los nuevos amigos, las vivencias, los kilómetros de inhóspito desierto, la playa, la naturaleza salvaje, la fauna, las poblaciones…

Espero que os haya gustado, al menos una centésima parte de lo que hemos disfrutado el viaje.

Mas fotos de este viaje en nuestro facebook